Ardiente

Cerveza en mano

Voy a 801651

Rocio el 22 noviembre, a las am Excelente reflexion veronica el 22 noviembre, a las am bellicima reflexion. Lo necesitaba Miriam el 22 noviembre, a las pm gracias por tan hermosa reflexión! Muchas gracias por compartirlo. Estoy en esa busqueda.! Mabel el 22 noviembre, a las pm Excelente! Muy importante conocer quien soy y saber que tengo un próposito de Dios en esta tierra. Cecilia el 22 noviembre, a las pm Es hermoso lo que escribiste Y absolutamente cierto.

Rox el 4 abril, a las am Gracias por esta hermosa reflexión. Me ayuda mucho en estos momentos ya que los problemas que pasamos en el trabajo me extrae mucha energía para llegar a casa. Yasmin el 4 abril, a las am Bastante lindo cuento. Carolina el 4 abril, a las am Hermosa reflexión! Emiliano el 4 abril, a las pm Gracias por esta reflexión, re linda! Beatriz Gilardenghi el 6 abril, a las am Genial cuento, mi lecho decía lo mismo, incluso lo he repetido, pero es en cierto lapso de la vida, en que individuo ve que así es.

Saco un espejito y se retoca con polvo para ocultar las ojeras. El taxista la mira por el retrovisor y no puede reprimir una sonrisa cínica, sabe que huele a amor. Cuando extiende el dinero él aprovecha para tocarle la mano, la detiene por unos instantes, pero decide soltarla al ver su mirada molesta. Como siempre, al bajar del auto estira el cuerpo y trata de enmascarar cualquier malestar; responde a los vecinos que la saludan desde los balcones, los portales, y ella, pacientemente, saco de la jaba grande pequeñas jabitas con desodorante, jabones, pasta dental, y las entrega, y ellos estirando los brazos, desesperados, su obligación, dice, su cruz, y logra por fin abocar a la casa. La madre interrumpe y lee la libreta de notas: llamó Alicia, que sólo te queda esta semana para hacerle la dinero al rector anunciando el fin de la licencia académica, y la próxima reincorporación a los estudios. El cónyuge la sigue, entra también al pieza, se sienta en la cama a mirarle el pelo sobre la lomo, sabe que no le gusta que la toquen hasta que se bañe, hasta que no se quite cada huella o residuo de olor que le recuerde de dónde viene, y reprime las ganas de besarla o acariciarla, porque se molesta, ni a ella misma le gusta tocarse. No sabía qué hacer y se desesperó hasta que lo detuvieron por revender piezas de bicicletas, conocer la muelle, sus celdas, los gritos y empujones de los policías, la multa elevadísima, la opción cero para la apartamento, el caos.

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